AMAMA. Cine y arte.

amama

La peli nos habla sobre todo de un casero vasco, duro, parco en emociones, de temperamento autoritario. Así trata a su familia. A su mujer apenas le habla, es capaz de matar de una forma extremadamente violenta al perro al que adora su hija, al otro hijo lo considera un vago. Asier Altuna, el director, afirma que hay algo de homenaje al caserío vasco, a esa forma de producción dura que generaba caracteres como el del protagonista. En realidad el centro de la película es hablar con un cierto ensimismamiento de la vida en el caserío y sus raíces con la época preindustrial. De alguna manera liga ese mundo con el mundo ancestral y mítico del neolítico. La reflexión de Jorge Oteiza, “nos separan 80 abuelas del neolítico”, la hace suya el director e indaga  en los orígenes de lo vasco como cultura primigenia. Cuando se decanta por ese contenido se hace extremadamente repetitivo. Sólo se redime por la actualización en clave artística del archiconocido mensaje. Amaia, la mala, (el fin, en euskera), es la hija artista y a través de su arte es capaz de romper el bloqueo, el inmovilismo del caserío, de sentimientos y de relaciones humanas. Las imágenes que nos proporciona el arte son el valor cualitativo de la peli. Hay historias como la prestada del poeta Kirmen Uribe, sobre que un padre no se llevaba bien con su hija y consiguió desbloquear la situación regalándole una cama, que no encajan muy bien en el hilo argumental. Eso sí, el guión está bien medido pero hay una mezcla de contenidos que no ayudan a que sea una peli redonda.

Respecto al título: Amama, abuela en  euskera, representa lo primigenio, la cultura arraigada a la tierra, respetuosa con el medio. en este sentido la película La mitad del cielo, tiene en la abuela un personaje similar. Una vez más se elige a una mujer que no habla para representar este concepto. No es la protagonista, el protagonista es el hijo y todo lo que de valores masculinos representa. Amama es la naturaleza más que un personaje femenino. Donde sí se percibe la situación de dominación del patriarcado vasco es en el papel de la andereño, la baserritarra que no objeta nada de lo que dice el marido y apenas tiene voz. Esa generación ha desaparecido transmutada en la figura de la hija, libre pero que quiere buscar sus raíces a las que ama con fe ciega pero a las que odia por la sumisión que generan. El arte le ayudará a buscar lo esencial que le sirva para vivir sin renunciar a su patrimonio familiar por muy crudo que sea. En este sentido, tiene una lectura liberadora que rompe con el inmovilismo del caserío y apuesta por otros caminos siendo respetuosos en la medida de los tiempos, con el medio que les nutrió hasta la revolución industrial.

Una buena apuesta para disfrutar de arte y cine teniendo en cuenta que el tema puede resultar para algunas sensibilidades demasiado insistente. Hay que relajarse y disfrutar de las sensaciones que son muy ricas y te marcan en varios momentos. El punto surrealista para gozarlo!

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Acerca de afri2

Entusiasta amante del cine
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